Thursday, April 24, 2014

NINGUN AVION SE ESTRELLÓ EN EL PENTAGONO

por Sandro Cruz*

En el atentado sobre el Pentágono, hay tantas contradicciones en la versión oficial, que tememos que ella tiende a ocultar otra realidad.

 

 

 

Entrevista.

Quién ha tenido la ocasión de conversar con Thierry Meyssan puede partir con la convicción que no es ningún charlatán ni loco por el estilo.

También se le ha acusado de haber aprovechado la circunstancia para lanzar una gran operación de marketing y beneficiarse.

No es el 11 de septiembre 2001 ni un poco antes que Meyssan ha comenzado a escribir artículos periodísticos. Su asociación Réseau Voltaire, la cual él dirige, existe desde hace ya casi diez años. Siempre ha trabajado en defensa de la libertad de expresión y de la laicidad con una óptica de periodismo de investigación.

A raíz de la publicación de su libro La Gran Impostura, ningún avión se estrelló en el Pentágono por una casa editora parisina, Meyssan desató la polémica y se convirtió en el blanco de los grandes medios de comunicación de su país. Los principales diarios franceses tanto de derecha como de izquierda han tratado de ridiculizarlo y quitar consistencia a su tesis. Al preguntarle por tal actitud, me respondió: En el fondo, la prensa francesa, a raras excepciones, todos a la raíz pertenecen a los mismos grupos económicos y tienen los mismos intereses.

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Pentágono 11 septiembre
Foto arriba izquierda, fachada del Pentágono minutos después del impacto por el supuesto avión, no se ve ningún rastro de avión solo un pequeño hueco de dos metros de diámetro a la altura del primer piso (foto abajo izquierda). Abajo derecha, un bombero en la parte trasera del Pentágono por donde salió la "punta del supuesto avión" sin dejar ningún resto del aparato.

Cuando pude hacerle unas breves preguntas a Thierry Meyssan cuando participaba en el congreso del partido Trans Radical donde es miembro, en abril de este año [2002 ndlr], él estaba muy contento por su reciente publicación y por el éxito alcanzado y me dijo: Sabes, mi libro ha batido en dos semanas el record de la edición en Francia, el anterior lo tenía un libro de Madonna...

Efectivamente, su obra se ha vendido a más de 200,000 ejemplares en los primeros días. El libro ha sido traducido en inglés, castellano, árabe, ruso, turco y muchas otras lenguas más.

Más tarde lo volví a ver como invitado del Club Suizo de Prensa en la ciudad de Ginebra. Cuando partía con mis colegas corresponsales de diversas nacionalidades y medios de comunicación establecidos en esta ciudad hacia la conferencia de prensa, podía escuchar los comentarios de estos: «quién será ese chiflado»..., «vamos a reír con el charlatán...», todos iban con una cierta expectativa, pero con la expectativa del «curioso» y no la del profesional.
El milagro llegó en plena conferencia, las actitudes cambiaron y el debate se puso muy serio e interesante. Al final todos compraron el libro de Thierry Meyssan y salieron con la convicción que el tipo era más serio que todos nosotros juntos reunidos.

Meyssan escribe con la precisión de un relojero. Fechas, lugares, datos, nombres y documentos oficiales y todo tipo de fuente son citados. Añade además los links de Internet para que los lectores puedan verificar, muchos de ellos de instituciones oficiales.

Desarrolla muchos aspectos que la prensa no ha tratado o tratado muy poco. Es el caso señalado por el diario hebreo Ha’aretz que reveló que la compañía Odigo especialista en la mensajería electrónica, recibió anónimamente mensajes de alerta informándola de los ataques de Nueva York dos horas antes de que ocurran. Hechos confirmados por Micha Macover, director de la firma.
El total de víctimas de los atentados del WTC y de los aviones que se estrellaron suman oficialmente 2 843 muertos, estos datos fueron dados a conocer el 9 febrero 2002 por las autoridades norteamericanas.

Otro aspecto, las contradicciones del portavoz de la presidencia son también muy instructivas. Ari Fleischer declaró a la prensa que los terroristas acreditaron sus planes al Servicio Secreto de Estados Unidos, amenazando de destruir incluso la Casa Blanca y el avión presidencial. Para ello según el diario New York Times los terroristas revelaron conocer los códigos de protección de las principales agencias gubernamentales. Ari Fleischer se detractó después, declarando que actuó bajo la emoción. Para James Woolsey antiguo director de la CIA, los códigos pudieron ser obtenidos gracias y únicamente a «topos» infiltrados.

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Thierry Meyssan dando una conferencia como invitado del Club Suizo de Prensa en la ciudad de Ginebra (Suiza)
© Foto Agencia IPI Sandro Cruz

Pensar que talibanes salidos de las cavernas Afganistán hayan podido apoderarse de códigos elaborados a partir de algoritmos matemáticos que cambian constantemente debe sorprendernos. Sabemos que sólo el círculo cercano al presidente Bush lo posee.

Meyssan piensa que habría que investigar la pista interior, que se diluye entre los lobby militaros-industriales y la extrema derecha con ramificaciones dentro del poder norteamericano.

La psicología del suicida es otro aspecto interesante. La idea que varios equipos enteros hayan tomado tal decisión extrema de inmolarse en su acto debe llamar la atención. Decididamente, la psicología del suicida es un acto estrictamente personal e individual. En la Segunda Guerra Mundial los kamikazes japoneses actuaban individualmente, como es el caso hoy en día en Palestina de los hombre-bomba. Ver a un grupo de suicidas que se reúnen a último momento para abordar un avión e inmolarse todos juntos, es algo que nunca antes se ha visto. Todo esto, sin una formación especial previa y supuestamente tratándose de comandos que han estado en pausa «durmiente» como señaló la prensa y los investigadores.

También se habla de las «metidas de pata» del FBI, como la declaración oficial:
¡Encontramos en las ruinas de las torres gemelas el pasaporte intacto de Mohammed Atta!, personaje sindicado como piloto de uno de los aviones suicidas.

Igualmente el caso «Vreeland», que confirma la existencia de un complot dentro de las fuerzas armadas de EEUU para perpetrar los atentados del 11 de septiembre. Todo esto basado por la deposición del lugarteniente Delmart Edward Vreeland ante la Corte de justicia superior de Toronto (Canadá). Arrestado por fraude a la carta de crédito, Vreeland se defiende señalando que pertenece a los servicios secretos de la Marina de los EEUU (Naval Intelligence). Contó a los policías haber recogido informaciones en Rusia sobre el asesinato de Marc Bastien, un empleado de la codificación de la embajada del Canadá en Moscú y sobre la preparación de atentados terroristas en Nueva York. Después de comprobarse que Bastien no fue asesinado y que su muerte fue ocasionada por ingerir una sobredosis de antidepresivos en estado alcohólico, la policía descarta los propósitos de Vreeland que los asimila a una defensa desesperada y como un recurso del inculpado para no ir a la prisión.

El 12 de agosto 2001, Vreeland entrega una carta certificada a la administración de la prisión las cuales no prestan atención. El 14 de septiembre, el juez abre el sobre y encuentra una descripción precisa de los atentados terroristas cometidos tres días antes en Nueva York. El periodista canadiense Nick Pron escribió cuatro artículos sobre el tema en el diario el Toronto Star (Did This Man Predict Sept. 11 ? by Nick Prom).

El libro va más allá del 11 de septiembre y del Pentágono, es una obra muy bien documentada, donde se emplea la lógica, la razón en cada página. Poco a poco, como en un rompecabezas, Meyssan va construyendo el pasado de los personajes, la Historia se vuelve clara así como los móviles que están en juego. Los intereses que se disputan los poderosos de este mundo, las manipulaciones del poder y de los políticos que la dirigen.
Una maraña ilimitada de ambición que manipula, corrompe, servicios secretos fuera de todo control, instituciones y personas. Todo se vuelve extraordinariamente visible y horroroso en La Gran Impostura.

ENTREVISTA : Thierry Meyssan periodista, escritor y director del Réseau Voltaire en París, Francia. Autor del libro La gran Impostura, por Sandro Cruz

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Thierry Meyssan

¿La investigación que ha realizado no se trata de una hipótesis, de dónde proviene su información?

El trabajo de este libro se funda únicamente sobre los documentos oficiales de los Estados Unidos y sobre las declaraciones de los dirigentes norteamericanos a la prensa internacional. Son elementos que son públicos pero esto no significa que sean elementos conocidos. Aunque en teoría el público tenga acceso a todo tipo de documentos, del Congreso, del Ministerio, etc., estos no son leídos. Nosotros hemos reunido esos elementos, hemos trabajado con ellos, encontrado las contradicciones existentes e intentado dónde poder situar la verdad en todo esto. Resultado, nos llevó a formular varias constataciones sobre los acontecimientos del 11 de septiembre:

Primero: La versión oficial esta incompleta. Muchas cosas importantes desaparecen de la visión de los hechos. Por ejemplo, hubo en la mañana del 11 de septiembre un gran incendio en el anexo de la Casa Blanca. Rápidamente asimilado a los atentados ocurridos en ese día. Sin embargo nadie habla de esto. Del mismo modo en Manhattan, a parte de las torres gemelas del World Trade Center que fueron chocadas por los aviones y que se desplomaron, hubo un tercer edificio que se derrumbó y nadie habló de este hecho. Ese edificio no fue tocado por un avión y no había razón alguna para que se cayera. La comisión de investigación técnica no explica hasta ahora claramente que ha pasado. Se supo posteriormente que este edifico alojaba una gran base ilegal de la CIA, el primer centro mundial de espionaje económico.

Este centro de espionaje ilegal era objeto de un gran conflicto dentro de la administración gubernamental norteamericana, entre lo Militar y el lobby Económico, ya que Bill Clinton durante su segundo mandato había transferido lo esencial de la actividad de espionaje, de tradición estratégica militar, hacia un espionaje económico, o sea en perjuicio del lobby militaro-industrial.

Segundo punto, respecto al atentado sobre el Pentágono, hay tantas contradicciones en la versión oficial, que tememos que ella tiende a ocultar otra realidad. La versión oficial explica que un Boeing 727 que todo el mundo ha perdido la pista, al sur del Ohio, atravesó 500 Km. sin que nadie lo vea. No fue detectado por los radares civiles y militares, ni por los aviones de caza a su persecución, ni por el sistema de satélites. Y de pronto, ese avión de pasajeros reaparece encima de Washington para estrellarse en el Pentágono, entre la planta baja y el primer piso para evaporarse después al interior por la alta temperatura del incendio.

Si observamos la primera foto (página uno) apreciamos que el hueco es demasiado pequeño para que haya podido penetrar por ahí un Boeing. Esa fotografía ha sido reconocida por todos y nadie contesta su autenticidad. Fue difundida por la agencia de prensa Associated Press.

El FBI explica que han encontrado pedazos del avión sobre el jardín, pero no explica cómo el Boeing ha podido entrar por un agujero tan pequeño.

¿Y qué ha pasado con los cuerpos de los pasajeros?

Se ha dado a los familiares de las víctimas urnas funerarias, diciéndoles «aquí están las cenizas y restos de sus parientes», se les ha dado certificados de defunción y de identificación de los cuerpos por el médico legista del ejército de los EE.UU., ¡quién señala que los cuerpos han podido ser identificados gracias a la huellas digitales y al ADN!

¿Cómo se puede decir a la gente tales cosas? A la gente cuyos parientes se encontraban dentro del fuselaje del avión que ha fundido a 2500 C°? ¡Decirles que han encontrado las huellas digitales de las víctimas! Incoherencias como estas deberían escandalizar a la prensa y hacer escándalo, sin embargo, la prensa hasta hoy día no ha dicho nada.

Precisamente, ¿Por qué los grandes medios de comunicación no han dicho nada?

La Prensa no ha dicho nada porque se encontraba en un fenómeno psicológico que se puede comprender. Estos hechos han sido traumáticos y chocantes para todos y en estado de choque uno no se hace preguntas o en todo caso no hace las buenas preguntas. Nuestra atención estaba para las torres gemelas y no por lo que ha sucedido alrededor...Y enseguida desde el comienzo de los atentados, sin investigación previa, se nos dice que ya se sabe quien es el autor: Ben Laden. Después de todo esto, cuestionar esta versión era como poner en tela de juicio la palabra sagrada del gobierno norteamericano, una cosa que nadie se atrevía de hacer.

Sin embargo, esto constituye el trabajo normal del periodista, como del policía: hacer investigaciones para comprobar la veracidad de los hechos.

Sobre el 11 de septiembre nunca se ha hecho una investigación, en todo caso en el sentido clásico del término. La gran investigación del FBI para encontrar y determinar los culpables ha sido únicamente para designar los culpables escogidos de antemano. Intelectualmente es inaceptable.

¿A qué conclusiones llega Ud.?

Hemos demostrado que la versión oficial es falsa y mentirosa. Desgraciadamente no tenemos los medios para reconstituir exactamente lo que ha ocurrido. Estamos en la hipótesis y estoy de acuerdo que nadie está forzado de seguir mis puntos de vista y mis hipótesis. Tampoco tengo la capacidad de aportar la prueba determinante. Estamos en una situación de incertidumbre. A pesar de esto, la ONU ha autorizado a los EE.UU. a desencadenar acciones militares para arrestar y llevar en justicia a los autores de los atentados. Vemos que este mandato de la ONU ha sido utilizado ya en Afganistán, -no para arrestar a los supuestos autores, Ben Laden y sus compinches-, sino para derrocar un régimen y poner otro.

A partir de este trabajo, podemos decir que la política extranjera de EE.UU. no tiene fundamentos jurídicos claros, ni legitimidad jurídica internacional. Sólo podría tenerlo si se hiciera toda la transparencia necesaria para elucidar los hechos del 11 de septiembre.

No se puede hacer confianza después de todas estas mentiras al FBI. Tampoco al Departamento de la Defensa de EE.UU. después de sus mentiras en la Guerra del Golfo, de la Guerra del Kosovo, etc. La única manera de ver claro es de constituir una comisión internacional de investigación bajo los auspicios de las Naciones Unidas, para que nos diga exactamente que es lo que verdaderamente ha pasado el 11 de septiembre.

Todo deja suponer que los cerebros y los que han dirigido estos actos terroristas no son extranjeros y que se trata más bien de terroristas norteamericanos.

Sus investigaciones son bien comprometedoras para las autoridades norteamericanas. ¿No han tratado de enjuiciarlo o presentarle querella por difamación? ¿A recibido amenazas?

Si, he recibido amenazas de muerte, pero eso no es importante. La autoridades de EE.UU. por el momento no responden al libro y todas las dependencias gubernamentales dicen por el momento «no comment». En el resto del mundo al contrario hay un gran interés por esta investigación periodística realizada.

 Sandro Cruz

Periodista. Vicepresidente de la Red Voltaire. Miembro fundador de la agencia de prensa latinoamérica IPI y editor de la casa Timéli.